Actividades para practicar la inteligencia emocional en niños

practicar la inteligencia emocional relajacion

Hoy os traemos unas ideas para desarrollar la IE de los niños a través de juegos y prácticas. Muchas de ellas se llevan a cabo en las guarderías y colegios, los cuales están cada vez más concienciados con los aspectos emocionales de los niños. Son juegos que se pueden ir haciendo a partir de los dos años de edad, si bien son más frecuentes entre niños algo mayores que pueden comunicarse ya con total facilidad. Sin embargo, muchos especialistas recomiendan, empezar con estas prácticas a partir de los 2 años.

Recordemos que la IE engloba muchos aspectos, la conciencia de uno mismo, la verbalización y gestión de las emociones, la conciencia social o empatía por los sentimientos de los demás, las habilidades de comunicación interpersonales, la toma de decisiones responsables, etc.

Todos ellos se pueden practicar con distintos juegos. Hoy os propondremos algunos juegos para que los más peques tomen conciencia de sus sensaciones. La conciencia de uno mismo es ser consciente de mi persona física y mental, ser consciente de mi estado emocional, de mi respiración… esto es un aspecto cada vez más resaltado no sólo por psicólogos o psicopedagogos, sino que es una práctica frecuente en yoga, mindfulness etc.

  • Juego propuesto 1: “el león y la hormiga”. El objetivo es apreciar los ritmos de respiración y ver cuál es el más adecuado. Mostraremos a los niños como respira un león y una hormiga, la hormiga es pequeña y respira despacio y lento, pero el león que es grande y fuerte necesita respirar rápido y fuerte. Los niños y las niñas aprenderán que la respiración adecuada es la de la hormiga.

  • Juego propuesto 2: “somos un globo”. El objetivo es reconocer cómo tiene lugar la respiración y cómo puede ayudarles a relajarse. Consiste en identificar la respiración abdominal con un globo que pueden inflar y desinflar. Animar al niño a que se siente en el suelo y decirle que controlar la respiración nos ayuda a serenarnos y que eso es lo que vamos a hacer. “Siente como entra el aire por tu nariz hasta los pulmones. Los pulmones se hinchan cuando se llenan de aire igual que un globo. Después, comienza a salir muy despacito el aire por la nariz como lo hace el aire del globo cuando se escapa por un pequeño agujerito”. Al final del juego habrá que comprobar que ha interiorizado lo aprendido.

  • Juego propuesto 3: “Soy una mariposa”. El objetivo es conseguir relajarse y disminuir el estrés a través de la abstracción, algo que es complejo y requiere práctica. Animar al niño a que se tumbe en una colchoneta en el suelo, y una vez esté cómodo decirle que vamos a cerrar los ojos y a imaginar una situación muy relajante “imagina que eres una preciosa mariposa de colores, estás posado sobre una flor que huele muy bien, y entonces decides que quieres comenzar a volar, abres tus alas y vuelas, subes y subes, y vuelas sobre el campo, puedes ver otras flores, los árboles, el campo. Sopla una suave brisa que te relaja. Volar te relaja, te sientes bien y tranquilo.” Al final del juego les preguntaremos por su estado de relajación para que ellos mimos sean capaces de compararlo con el que tenían antes de la actividad.

Sólo nos queda animaros a practicar con los peques de la casa. Además será también muy relajante para los papis. En el próximo post, ¡nuevas actividades!

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Educación emocional en casa… y ¿en el cole?

IE_coles

Venimos hablando en el blog de cómo en casa los padres pueden ayudar a sus hijos a mejorar su autoestima, su confianza en sí mismos, a gestionar su frustración, etc. Sin embargo, la realidad es que los niños pasan muchas más horas en la escuela o el instituto que en casa, y, aunque se ha demostrado la gran influencia que el factor familiar tiene en el desarrollo de la inteligencia emocional, no se puede obviar la influencia que el entorno educativo tiene en los niños.

Por desgracia, la inteligencia emocional no es una asignatura en casi ningún plan docente en nuestro país. Sin embargo, hay docentes como César Bona (el único español nominado a mejor profesor del mundo, algo así como “el Nobel” de los profesores)  o colegios como el Tinguaro de Vecindario en Gran Canaria, que apuestan por la inclusión de asignaturas relacionadas con las habilidades sociales. Sin ir más lejos, en este colegio canario, se “han sacrificado” horas semanales de lengua y matemáticas para  impartir la asignatura de Educación Emocional y para la Creatividad, una materia obligatoria y evaluable en las que alumnos de seis a nueve años hablan de su sueños, inquietudes, miedos. El objetivo de la asignatura es desarrollar la “capacidad de gestionar de manera eficiente los sentimientos utilizando la razón”, de “reconocer y expresar las emociones” y de “regularlas, controlarlas y utilizarlas de forma productiva”, según detalla el informe técnico que explica la razón de ser de la asignatura.

Esto es una señal del interés que hay entre los docentes españoles de implantar nuevos sistemas de educación no sólo basados en objetivos puramente académicos. A pesar de que siempre pensamos que España está a la cola de todo en materia de educación, en este sentido podemos sentirnos orgullosos de estas iniciativas. Aunque desde las instituciones no siempre se trabaja en la misma dirección, es también responsabilidad de los padres implicarse en la educación de sus hijos en los colegios y solicitar, proponer, exigir… este tipo de materias. De hecho, en varios colegios de Vigo, en al 2013 comenzó por iniciativa del AMPA una serie de clases extraescolares sobre inteligencia emocional con buenísimos resultados. Quizá lleve años ver una asignatura como Educación Emocional y para la Creatividad en los planes de estudio, pero desde luego que la semilla está plantada, sólo hay que regarla para cosechar y seguir sembrando.

¡Hasta la próxima semana!

….De cómo los padres (con la mejor de las intenciones) hacemos inútiles a nuestros hijos …..

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Hace ya tiempo, y no recuerdo de qué manera, llegó a mí un genial post escrito por Noelia López Cheda. El título era “me niego a ser la agenda de mi hija por el whatsapp”. Noelia comentaba cómo su hija, poco a poco, había ido delegando sus pequeñas pero importantes responsabilidades en su madre. Es decir, su hija se había acostumbrado a que si olvidaba algo del cole, un libro, una tarea…  no pasaba nada, porque su madre lo conseguiría por whatsapp. Las madres del cole habían creado un grupo con la mejor intención para solucionar problemas puntuales de sus hijos… pero habían acabado por convertirse en las secretarias de sus hijos.

Un día, esta madre tuvo una especie de revelación cuando vio cómo su hija de nuevo le pedía uno de esos favorcitos, mientras ella tenía que parar todo su mundo, sus propias responsabilidades… para atender el nuevo olvido de su hija. Se dio cuenta de que su hija tenía que asumir su responsabilidad y le enseñó no sólo eso sino qué también tendría que pasar por el “horrible” trance de decir en el colegio que no había hecho los deberes de matemáticas porque había olvidado la hoja de ejercicios en el colegio. Eso para su hija quizá resultaba un mundo “¿cómo voy a decir que no lo hice?”, “¿qué pensará la profe de mí?”…. pues bien, su madre le dijo que no pasaría nada, que no era un drama. De hecho quién no ha cometido un error alguna vez y, tras un momento de pánico, ha descubierto que la Tierra sigue en órbita y no ha sucedido nada.

Muchos padres en su afán de que sus hijos no se equivoquen, no fallen, no sean reñidos o castigados, terminan por asumir sus responsabilidades para que todo salga a la perfección…. pero estamos buscando una perfección adulta. Ellos son niños, están aprendiendo, tienen que equivocarse y aprender cada día, tienen que descubrir qué es tener una responsabilidad y “apechugar” con ella.

Si un día te descubres a ti mism@ haciendo las fichas de dibujo porque crees que tarda mucho y no le dará tiempo a terminarlo perfecto para el día siguiente…..

si un día te descubres a ti mism@ haciendo una receta de TellBake&Love con tu hijo, y de pronto, le espetas, “quita que así no se hace”, o “ya recojo yo la cocina, que mira la que hemos liado”….

si un día te descubres a ti mism@ haciendo un trabajo sobre el oso panda, para que tu hijo “no pierda tiempo” y pueda estudiar otras cosas….

si algún día te descubres a ti mism@ haciendo algo, siendo tu hijo quien debería hacerlo…..

Párate a pensar:

¿quiero educar a mi hijo y ayudarle a gestionar su trabajo, su tiempo y sobretodo, enseñarle a asumir sus responsabilidades?

o

¿quiero evitarle todo ese aprendizaje para que sea perfecto, para que encaje…?

Cambiemos el chip. Que la sociedad y el sistema educativo quieran que nuestros hijos sean máquinas programadas para el éxito (académico, deportivo, social…) no tiene por que arrastrarnos necesariamente a ello. Alcanzar el éxito lleva tiempo, aprender lleva tiempo, ser feliz y sentirse realizado lleva tiempo… y lo más importante: es un trabajo personal de cada uno.

….de cómo una niña condenada a la marginación social consiguió brillar gracias a sus padres …..

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El pasado fin de semana leí un artículo sobre Lizzie Velasquez. Ya habíamos oído hablar de esta gran mujer, de hecho, habíamos visto alguna de sus magníficas charlas de motivación y superación personal. Sin embargo, este artículo nos reveló cuan importantes fueron sus padres en un proceso de superación muy intenso y duro que convirtió a Lizzie en la mujer que hoy es. Esta es la historia:

Lizzie nació con una enfermedad extremadamente rara que impide que su cuerpo almacene grasa. Además de ser extremadamente delgada, lo cual condiciona mucho su aspecto físico y lo hace muy diferente de lo que consideramos “normal”, también es ciega de un ojo.

Cuando llegó el momento de que Lizzie fuese a la escuela, sus padres no se echaron atrás, ya que las aptitudes de su hija eran absolutamente normales. Con cinco años Lizzie tuvo que enfrentarse a uno de los días más duros de su vida. En clase nadie quiso sentarse a su lado, nadie quiso comer con ella en el comedor y cuando en el recreo salió corriendo hacia el tobogán, hubo una estampida de niños. Cuando Lizzie llegó a casa, explicó a sus padres lo sucedido y ellos vieron que su hija se sentía mal, desplazada y marginada.

Con tan solo cinco años, Lizzie fue capaz de entender, y sus maravillosos padres fueron capaces de darles ya, a una edad tan temprana, un valiosísimo consejo: “no dejes que tu enfermedad sea lo que marque tu existencia, sé tú misma”.

Lizzie pasó una adolescencia en la que fue feliz aunque ni un día dejó de luchar por llevar a cabo la tarea que sus padres le habían puesto: fue luchadora y perseverante, y no usó su enfermedad como excusa para sufrir, para aislarle o decir “no puedo más”.

Actualmente Lizzie es oradora en multitud de talleres de motivación personal y ha escrito libros donde comparte su experiencia y filosofía de vida. Es una mujer feliz.

Es duro imaginar el momento en que unos padres descubren que su hijo va a pasar a engrosar esa inmensa lista de enfermedades raras, tan poco estudiadas, tan poco apoyadas desde las instituciones y tan invisibles a los ojos de la sociedad. Para los padres de Lizzie no tuvo que ser fácil este momento. Pero ellos tampoco eran perdedores que se rinden. Se propusieron que su hija sería feliz y le dieron el regalo más grande que se le puede hacer a un hijo, le dieron fe en sí mismo.

Si el día en que Lizzie llegó desanimada de la escuela, la hubiesen excusado para ir al día siguiente, la hubiesen llevado a un “colegio especial”, la hubiesen compadecido…. en su intento de protección, habrían menguado la capacidad de superación de su hija. Los padres de Lizzie, sin quererlo, sin pretenderlo, sin ponerse un título de “coach”, estaba educando a su hija en inteligencia emocional. Qué importante es ayudar a nuestros hijos a ser ellos mismos, qué importante es guiarles y no llevarles, estar a su lado para animarles a levantarse si se caen, pero no para evitar que se caigan. Lizzie sufrió, lloró, y se frustró. Es humano tener malos momentos, pero tenía claro su objetivo: SER YO MISMA Y NO USAR MI “TARA” COMO EXCUSA PARA SER INFELIZ.

Estas ”taras”, a veces son físicas, otras mentales, emocionales…. da igual. Podemos darle la vuelta a todo aquello a q priori parece una desventaja para usarlo en nuestro propio beneficio.

¡Cuanto podemos aprender de los padres de Lizzie!. Ayudemos a los niños a que cuando se miren en el espejo se vean a ellos mismos y proyecten una imagen de “quiero ser feliz”  en vez de “quiero ser alto”, “quiero ser más guapa”, “quiero ser delgada”.

¡Ah! y no menos importante. Tan difícil es ser padre de “una Lizzie” como ser padre de un niño o adolescente que acosa a “una Lizzie”. Ambos son retos importantes y en ambos casos hay que recurrir a la inteligencia emocional para educar. Pero ese es otro interesante tema que podemos tratar otro día 🙂

¡Que seáis felices y la inteligencia emocional os acompañe a cada minuto!

Pon nombre a tus emociones

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Es frecuente ver a los niños eufóricos de alegría, o con rabietas monumentales. Quién no recuerda a un niño, plantado de brazos cruzados diciendo que no se va del parque, o llorando a lágrima viva porque tiene que compartir un juguete, o dando gritos de emoción cuando descubre que los Reyes Magos le han traído su ansiado regalo. Los niños son sinónimo de emociones puras.

Sin embargo, durante su proceso de aprendizaje los niños van a recibir instrucciones que interiorizarán para siempre, y en base a las cuales interpretarán sus emociones, y algunos afortunados, llegarán a expresarlas. Por eso, es importante que, dentro de permitirles ser quienes son, sepamos guiarles. Los padres a menudo sienten la necesidad de moldear las emociones de sus hijos desde muy pequeños pensando que les harán más fácil la integración y la adaptación al mundo real, y muchas veces condicionados por el qué dirán. “Que mi hijo no sea el que molesta en el restaurante”,  “que mi hijo no sea el que pega a otros en la guardería” “que mi hijo no sea el que parlotea durante la clase”, en definitiva, “que mi hijo sea perfecto”…. pero ¿qué es ser un niño perfecto?, grandísimo debate.

Unos se decantan por la versión niño tarzán, niños hedonistas que se guíen por sus placeres, que hagan lo que quieran sin coartar ninguna de sus libertades…. ya habrá tiempo de educarles….otros se decantan por la versión niño robot, niños programados para ser miniadultos desde pequeños, estoicos, impasibles ante todo. Y lo cierto es que unos y otros son educados por unos padres que siempre buscan lo mejor para sus hijos y se preocupan mucho por su comportamiento (ya sea para liberarlo o reprimirlo) sin pensar, a veces, que el comportamiento viene marcado por las emociones.

Los niños actúan guiados por las emociones y sienten el deseo irrefrenable de expresarlas, hacernos saber que algo no les gusta, o algo les agrada. Pero como decíamos unas líneas más arriba, y en el post anterior, en el proceso de aprendizaje los adultos tenderemos a decirles cómo deberían sentirse y por qué no deben expresar siempre sus emociones en público. Frases con vocación educativa como “ni se te ocurra decir que no te gusta la comida”, “no te vayas a quejar de nada”, “haz todo lo que te digan”, “que no me entere yo que has….”  Pensándolo bien, tampoco suenan tan mal, ¿verdad?. Tratamos de que los niños sean políticamente correctos en todos los ambientes. Pero detrás de todos esos mensajes, hay un denominador común “da igual lo que tú pienses o digas, sólo sé como tienes que ser”. Este mensaje irá calando en los niños, germinará en ellos, y se trasladará a otras parcelas de su vida. Nunca podrán ser niños asertivos, nunca podrán ser ellos mismos.

¿Cómo encontrar el punto intermedio?, fácil y complicado al mismo tiempo.

Fácil porque la solución está basada en una de las habilidades que tenemos a diferencia del resto de animales superiores: el lenguaje y el acto de comunicación que establecemos gracias a él. Sencillamente comunícate con tus hijos.

Difícil porque nosotros mismos como adultos nos sentimos condicionados (por el entorno), por nuestros propios prejuicios, porque muchos hemos sido programados como niños robot y descubriremos aterrorizados como salen de nuestra boca palabras que no queremos decir.

Encontrar el punto intermedio no es sencillo, pero es una bonita (y también exigente) carrera de fondo diaria. Básicamente, los puntos a tener en cuenta serían:

  • Pregúntate si quieres que tú hijo sea educado en inteligencia emocional o prefieres seguir alguna otra “norma establecida”. ¡Eres muy libre de educar a tus hijos cómo mejor creas!

  • Si has contestado “sí” al punto 1, decide que es aquello que quieres potenciar en tus hijos. La confianza en sí mismos, la asertividad, la solidaridad con los demás desde su propia autoafirmación, la gestión de la frustración o cualquier otra emoción… (en el fondo todos son sinónimos, si no, términos muy cercanos)

  • ¡Manos a la obra! Consulta a especialistas, lee libros de inteligencia emocional en niños, busca información sobre otras experiencias. La red es una fuente inagotable de información útil.

  • ¡Practica! Tienes el gimnasio en casa. Cuando tu peque se enfade por algo, quizá son las tantas de la tarde y estás muy cansado o cansada para practicar, pero esa es la prueba de fuego, no flaquear. No le digas que es muy tarde, que te da igual lo que pase y que a callar. Pregúntale que le sucede, por qué se siente así, y ayúdalo a poner nombre a su emoción y a cómo puede hacer para gestionarla y sentirse mejor desde él mismo. Es decir, ¿por qué TÚ te sientes así?, ¿qué crees TÚ te haría sentir mejor?… y en esto, no tengas dudas, eres su padre o su madre y lo conoces como nadie. Eres la persona ideal para ayudarlo.

  • Última y más importante. No se esculpe un cuerpo en dos días de gimnasio: ¡sé tenaz! Y más importante aún: permítete a ti mismo aprender con él y de él (nada más maravilloso que contagiarse de las emociones de un niño), permítete equivocarte, permítete tener un día malo sin tirar por ello la toalla, permítete pedir perdón a tu hijo si crees que le has podido herir y enséñale a hacerlo.

El mejor regalo que podemos hacer a los niños no es nada material. El mejor regalo es dedicar tiempo cada día a ayudarlos a descubrir quiénes son y qué más quieren ser.  

¿Qué son las emociones?

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Este post iba a tratar sobre cómo ayudar a los niños a identificar y poner nombre a sus emociones, pero hemos creído necesario hacer una introducción al tema.

Entonces, ¿qué son las emociones? Las emociones son variaciones del estado de ánimo por una determinada causa, que suelen relacionarse con “lo agradable” y “lo desagradable”, es decir, emociones positivas y negativas. Las emociones son algo bastante primario en el ser humano. De hecho, los niños sienten emociones positivas o negativas desde los primeros meses de vida aunque no sean capaces aún de expresarlas verbalmente. Por ejemplo, los recién nacidos buscan las sensaciones agradables y rehuyen de las desagradables a través del llanto. Por su parte, los niños pequeños (1-3 años) manifiestan empatía respecto a las emociones de otras personas. Y por supuesto, una vez desarrollado el lenguaje verbal, por encima de los 2-3 años, los niños son perfectamente capaces de decir “me duele”, “no quiero”, “no me gusta”, “más”, “sí”, “no”, “pupa”, etc.

Si vamos un paso más allá y nos adentramos en el proceso emocional, éste podría ser dividido en dos niveles; la sensibilidad emocional y la respuesta emocional. La sensibilidad sería la mera captación del estímulo, mientras que la respuesta sería lo que el cerebro interpreta ante la sensación elaborando la emoción.

emoción = sensibilidad + respuesta

Lo cierto es que hay una delgada línea entre sensibilidad y respuesta. En aquellas etapas de la vida en las que estamos “libres de raciocinio” y más nos asemejamos a los animales no racionales, podríamos decir que la respuesta es no condicionada. Si un bebé que llora de hambre es alimentado, mostrará una respuesta de satisfacción. Incluso en un terreno menos somático, si un niño de tres años recibe una reprimenda de sus padres, quizá también llore sin plantearse nada más allá. Ahora bien, ¿cual sería la primera respuesta de un adulto si se cae o si  su jefe le echa la bronca?, ¿llorar? Probablemente no, y es que a medida que crecemos tiene lugar un cambio sustancial, ¿cuál? que la respuesta pasa a ser condicionada.

¿Pero QUIÉN ha condicionado la respuesta? el propio individuo (en base a su genética y su propia trayectoria emocional) y el entorno (sociedad, padres, colegio…). Desde que consideran que somos aptos para empezar a “ser educados”, los adultos se dedican a decir a los niños lo que deben sentir ante su emoción.

Si volvemos a la división de emoción, los adultos NO podrán cambiar nuestra sensibilidad (lo que duele, duele, lo que da gusto, da gusto) pero nos enseñan a modular la respuesta, la condicionan: “no llores que no es para tanto”, “los niños mayores no lloran”, “no grites, compórtate”, “deberías estar contento de que te hayan traído un regalo”, “No deberías sentirte así”… A través de estos condicionantes le estamos diciendo básicamente al niño lo siguiente:

“mira, ahora llegaría el momento en el que podrías verbalizar tus emociones, podrías aprender a identificarlas y gestionarlas de forma que te ayuden a crecer como persona y favorezcan tus vínculos personales, tu integración entre compañeros, etc, PERO, no, no lo hagas. YO te voy a ahorrar todo ese maravilloso crecimiento personal y te voy a decir CÓMO hay que sentirse ante cada situación; estaré a tu lado para decírtelo y corregir lo que no esté bien”

Por lo tanto, con estos condicionantes estamos instaurando en la mente de los  más pequeños algo tan poderoso como peligroso: las creencias. Muchas de esas creencias que nos limitan en la vida adulta y nos impiden alcanzar nuestros retos han sido adquiridas en la infancia. Nosotros mismos nos las repetimos a diario como autómatas, y cambiarlas cuesta tiempo y esfuerzo. Qué mejor que ayudar a nuestros hijos a tener creencias positivas como “si me equivoco no pasa nada porque aprenderé”, “puedo decir que no, sin ofender al otro”,”mi bienestar no puede supeditarse a lo que otros esperan de mí” etc.

Volviendo al post anterior si queremos educar a nuestros hijos en inteligencia emocional, para lo cual identificar y gestionar emociones es clave, como adultos tenemos que hacer un gran esfuerzo y romper con la inercia de crear creencias limitantes para ayudar a los niños a ser dueños de sus emociones.

Y ahora sí, en el próximo post, ¿cómo hacerlo?

Que tengáis una quincena llena de ilusiones y buenos hábitos en inteligencia emocional!!!!

Educar en inteligencia emocional: un bonito reto

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¿Inteligencia emocional?, ¿entrenamiento emocional?, ¿coaching infantil?…..

Recientemente, los anuncios, los programas de radio, de TV, las revistas, las redes sociales, las conversaciones…. se han ido llenando de términos como inteligencia emocional, entrenamiento emocional, coaching, etc.

A simple vista parece una moda (y de hecho para muchos lo es), pero todos estos términos vienen a referirse a algo que existe desde que el hombre es hombre, y por tanto, desde que el niño es niño. La cuestión es en qué grado hemos sido educados y/o entrenados en nuestra inteligencia emocional. Pero, de nuevo, ¿qué es la inteligencia emocional?

Podríamos decir que la inteligencia emocional es la suma de las inteligencias intrapersonal (la capacidad para identificar y comprender los sentimientos, miedos y motivaciones propios) e interpersonal (la capacidad para identificar y comprender los sentimientos, intenciones o motivaciones de otras personas).

Fue el psicólogo norteamericano Howard Gardner quien introdujo por primera vez estos términos. Lo que Gardner cuestionaba es: ¿podemos medir nuestra inteligencia solo por nuestra capacidad de analizar textos o interpretar datos? ¡Claro que no!, las computadores más avanzadas son capaces de hacer eso. Es imposible pensar y actuar, sin estar en ese proceso profundamente influido por nuestros sentimientos. Debemos medir nuestra inteligencia, y es más, debemos ayudar a nuestros hijos a desarrollar su inteligencia en los aspectos emocionales tanto o más que en los meramente racionales. Sin embargo, parece que todo (la sociedad, los medios, el sistema educativo, nosotros mismos!!) confabule para lo contrario.

A muchos padres les preocupan las notas (numéricas) de sus hijos, hasta el punto de presumir del número de sobresalientes; otros desean que sus hijos sean los mejores en el partido de fútbol o que destaque en la orquesta por su habilidad para tocar el violín. Pero, quizá es más importante, si sus hijos son felices en el colegio, si tienen objetivos personales que ir cumpliendo trimestre a trimestre más allá de aprobar o suspender, si se siente con valor cuando lo necesita para preguntar sus dudas en clase de mates o si se siente capaz de contestar a ese niño que siempre le insulta en los recreos; quizá es más importante si su hijo se siente integrado en su equipo de fútbol, si siente el sentido de grupo o solo quiere destacar por encima de sus compañeros; quizá es más importante si su hijo tiene realmente ganas de ir a tocar el violín, o solo lo hace por contentar a quienes esperan algo de él.

Todo esto deriva en DOS preguntas tan generales como “vitales” para los más pequeños ¿educamos a nuestros hijos en la capacidad de tomar SUS decisiones, asumir SUS responsabilidades y disfrutar a SU manera? o por el contrario ¿les decimos que deben sentir, desear, querer, soñar, responder….?

Pues, sin tratar de ser gurú de nada ni de dar lecciones a nadie, desde TellBakeandLove, queremos compartir con otros padres, docentes, psicólogos y cualquiera que quiera aportar sus ideas, las últimas tendencias, noticias, consejos, teorías etc en CÓMO EDUCAR A TU HIJO EN INTELIGENCIA EMOCIONAL. Y una vez vista la teoría, qué mejor que ayudarse con fantásticos libros ilustrados y meriendas llenas de momentos especiales compartidos para poner todo en práctica.

En el próximo post hablaremos de cómo ayudar a los niños a reconocer y nombrar sus propias emociones.